sábado, 20 de septiembre de 2008

El alma no tiene camiseta

El alma no tiene camiseta


Es primavera pero aún hace frío.
En la maceta de un cactus asoman apenas los brotes de otra planta, de esas que trae el viento o que nacen así porque sí.
Son diminutos, no alcanzo a distinguir qué planta será.
¿Trébol? ¿Gramilla? ¿Orejita de ratón?
Creo que mi duda poco le importa: de todas formas será lo que es.
En cada una de sus células, en su ADN, está su esencia-planta. Sólo tiene que desplegarla para ser ella misma.


La maceta del cactus que heredé

Se me ocurre que ser planta es más fácil que ser humano.
Ellas no eligen, no dudan, no se distraen, no se pierden, no sienten culpa si se equivocan ni miedo de traicionarse.
Y tampoco tienen padres, ni maestros, ni profes, ni “sociedad” ni tele ni compañeros que le digan –toooooodooo el tiempo...- “qué tienen que ser”.

Ser planta es más fácil, sí, pero es menos emocionante.
El alma, nuestra alma, se me ocurre que se parece a esos brotes de mi maceta. Que en el medio del ruido, del desasosiego y del quilombo, siempre es fiel a sí misma. Podemos ir y volver, experimentar y aprender, cambiar de aspecto y de forma cuantas veces queramos... y ella siempre estará allí, serena, esperándonos, fiel a sí misma.
No le importa realmente si somos floggers, emos, punkies, rappers, cumbieros o la “tribu urbana” que queramos autoimponernos. Ni si somos boquenses, de River, leprosos o canallas. Ni se caga a piñas con “los del otro bando”: no le hace falta.
Nuestra alma es más fuerte que todas esas etiquetas, que todas esas camisetas de por un rato. Y que como toda camiseta, terminaremos gastándolas y desechándolas. Y siendo nosotros.

Porque al alma le gusta brillar desnuda, la vean o no.
Es –al fin y al cabo- lo que somos.

Como dice Serrat: “Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto”.
O como escribió Fernando Pessoa: “Tiéndete al sol, abdica, y sé rey de ti mismo”.
O como ponía al lado del nick para chatear mi amigo Juan Manuel, de diez años (¡10 años!): “Las cosas se me acercan, y yo sigo intacto”.
Te mando un abrazo de alma al descubierto.

Jorge Balbi


martes, 16 de septiembre de 2008

Esos objetos llamados "niños"

La siguiente es una nota recientemente publicada por El Sendero del Medio (creada y dirigida por Rosi Germán), una revista rosarina dedicada al sector del "nuevo paradigma".
La escribí en exclusiva para ellos, para su número especial sobre La Vida y los Niños.
Las fotos que la ilustran en esta página las saqué yo mismo en un negocio de mi barrio. Me sigue pareciendo maravilloso cómo la vida me va poniendo delante para que aprenda los ejemplos concretos de aquéllo que voy escribiendo previamente, es casi una suerte de predicción continua o de retroalimentación constante...
Y esas remeras, remeras para bebés, las pusieron en la vidriera unos pocos días después de que yo había enviado el artículo. Comprueben los ciberlectores de este post en cuanto confirman el espíritu que habita las palabras de la nota. 

"Mi bebé, ya sabés: el amor se compra
y los besos se venden... a $0,25 cada uno..."(*)


Sobre el final de esta entrada agregaré -como si falta hiciese...- mi sentimiento frente al contenido de esas "simpáticas" y muy vendibles (por sólo trece dólares cada una...) remeras de bebé. Pero ahora, vayamos a la nota, que se titula: 


"¿Qué cosa es un niño?"


Buenas. Ya saben: por cuestiones de mi oficio –y de mis elecciones- los padres (o los abuelos... o los tíos...) me suelen preguntar: “¿Y mi hijo qué es? ¿Es un Niño Índigo? ¿Es un Cristal? ¿¿¿Es Crisol???”
Deberían verles las caras cuando les respondo: “Su hijo es un chico”.
Quiero decir que en ningún momento es mi intención “romperles el sueño” de que sus vástagos pertenezcan a cualquiera de estas categorías. Cosa que, en virtud, muchas veces es así. Sólo les quiero recordar que, en el aquí-y-ahora, son chicos y necesitan lo que un chico necesita.
La sorpresa –o a veces la desazón- parece provenir del hecho de que no siempre sabemos a ciencia cierta qué es ser chico...
O qué necesitan.
O tal vez lo suponemos porque jamás preguntamos...
Realmente, me resulta revelador que me realicen la consulta del principio tan a menudo PERO JAMÁS me hayan inquirido “¿qué es un niño?”.
Así que –maleducado como soy, y siguiendo a Serrat- contestaré sin que nadie me pregunte.
“-Psssst!! Don!! Diga don: ¿qué cosa es un niño?-”
Bien. No es ninguna cosa.

                                                                                                                 
El "papá" que le compra esa remera a "su" bebé...
¿le preguntará antes si el chico desea usarla?

Un chico es una persona. No un objeto.
Las personas tienen deseos, libertad, y son autónomos. No están hechos para complacer automáticamente el deseo de otros. O sus necesidades, concientes o inconcientes, voluntarias o compulsivas.
Aunque esas personas sean los padres.

Que nadie se sienta culpable. Ni acusado. Todos, en mayor o menor medida, repetimos modelos heredados familiar o culturalmente.
Y un bebé que nace en un hogar de padres narcisistas tiene altas probabilidades de convertirse en el objeto de amor de esos padres. Objeto dador de amor, claro está, porque todos venimos del amor... pero objeto al fin.
Y luego te regalo la simbiosis que internaliza. Y el vacío personal, de deseos y sentimientos personales, que arrastra de adulto.
Si tu papá te compra esta remera,
más que "único" es narcisista, pibe...

¿Se acuerdan lo de Gibrán, no? “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen.”
Así que: un chico es una persona. No un tapa-agujeros afectivos o existenciales de los progenitores. Ni de nadie. Un chico –cualquier chico- necesita reglas claras. Necesita tanto libertad para autoexperimentarse cuanto límites para des-cubrirse. ¿Cuánto de uno y cuánto de otro? Ah.... esa es la gran ciencia de aprender a ser padres, que no tiene un modelo único ni estático. Y que –no teman- todos tenemos o tendremos que aprender, alguna vez. Paradójicamente: seamos padres... o no.
¿Por qué?
Porque todo chico –índigo o cristal o crisol o ... lo que sea- en tanto que es un chico, necesita tener cercano un adulto significativo.
Y nuestro camino de serlo puede transitar por la paternidad o no.

Un “adulto significativo” es –para el niño- quien lo quiere por lo que es.
Por el hecho de ser.
Y no por acatar o cumplir deseos ajenos, o repetir modelos como un calco, o demostrar destrezas o habilidades (normales o paranormales) sólo para que sus “potestantes” sientan el placer de lucirse con ello.
Otra "delicia" del ego paterno...
pobre de la beba si logra convencerla...
Ni el Buda, ni el Cristo, ni muchos otros en un camino espiritual gustaban de alardear vulgarmente de sus milagros. Más bien los ocultaban, como una cauta herramienta de Servicio Divino.
Los “nuevos niños” son eso: niños.
"¿Soy la Princesa o soy yo???
¡¿Quién soy?! ¡¡¿¿¿Quién soyyyyy???!!!"
¿Ahora comprenden mejor mi respuesta cuando me preguntan por su “categoría”?
Tal vez, con bastante trabajo y un poco de suerte, tal vez -y sólo tal vez-, aprendiendo a tratar a estos “nuevos niños” terminaremos por aprehender a tratar a los niños.
A cualquiera. A todos.
Con sus peculiaridades, pero sin segregaciones.
Y así tal vez –y sólo tal vez- los “nuevos niños” estarán contentos...
Porque nos habrán cambiado, nos habrán hecho aprender algo: a ser mejores, es decir, a ser nosotros mismos.

Abrazos desde acá, por mientras tanto.
Te apuesto lo que quieras a que esa remera se la compra la tía...
¿El regalo es para el bebé o para ella misma? 



(*) Nota: ¿Quieren que les diga -en confianza- lo que sentí en el pecho mientras miraba estas "inocentes y graciosas" remeras de bebés? Algo que me gritaba (fuerte, fuerte, casi a reventar): "¡¡¡BASTA!!! ¡Dejen ya de enfermarles la mente! ¡Son chicos y no tienen la culpa! !!!LOS ADULTOS SON USTEDES, POR DIOS, ENTIÉNDANLO DE UNA VEZ!!!

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